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ALGUNAS CARTAS / Luis Loayza, Julio Ramón Ribeyro
Paris, 5 mayo 75
Querido Lucho:
Encontrarás junto con esta un ejemplar de mis PROSAS APÁTRIDAS. Las he releído y corregido algunas erratas antes de enviártelas y la verdad es que el librito me ha dejado un poco meditabundo. Yo no sé lo que es ni qué cosa persigue. Es diferente ver un libro impreso que verlo en manuscrito. Mientras no esté publicado no pasa de ser un borrador, algo perfeccionable o renunciable, pero una vez que sale a la luz no hay nada qué hacer, ya está allí, hay que asumir su entera responsabilidad, no cabe la menor excusa. Lo único que deseo
es que cada lector encuentre una prosa, aunque sea sola una, que le guste, que le diga algo, que le sugiere algo, de la cual retire algo que solo se encuentre allí. Pero quizás estoy pidiendo demasiado.
Lo que sí quisiera decir es algo sobre su título que, como te dije en mi anterior, se presta al equívoco. Basta ver la carátula para darse cuenta que el diagramador ha "tombé dans le piége" y ha pensado que se trata de las prosas de un apátrida. Observarás que el título no tiene nada que ver con la nacionalidad. Yo quería aludir al carácter mismo de los textos, que son textos sin "patria literaria", es decir que fueron escritos en diversas épocas y circunstancias, con la intención no muy precisa de ser incluidas en alguna novela, cuento o artículo, pero que se quedaron sin lugar, porque no se les dio cabida, ningún género quiso hacerse cargo de ellos, eran el estorbo definitivo y al final no les cabía otro destino que ser fragmentos, textos dispersos, desamparados. Fue entonces cuando se me ocurrió reunirlos y dotarlos de un espacio común, donde pudieran sentirse acompañados y librarse de la tara de la soledad. Esa es, en muchas palabras, la explicación del título.
Pasando a otras cosas, me complace que mi última carta te haya puesto de un "humor excelente" como dices, lo que es una manera muy británica de confesar que te halagó. Ese era mi propósito. Yo no creo, como tu amigo Léautaud, que "admirar empequeñezca". Escatimar un elogio, cuando es merecido, es propio de los espíritus mezquinos.
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