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DINA Y CHACALÓN: EL SECUESTRO DE LA EXPERIENCIA / Víctor Vich
Un nuevo fantasma recorre las pantallas de la TV peruana: Dina Páucar, Chacalón. Ante una realidad social atravesada por múltiples procesos de recomposición material y simbólica, lo que está ocurriendo con algunos programas de la televisión representa parte de un complejo proceso sociocultural que ha venido desarrollándose en las últimas décadas y que es importante continuar discutiendo. Hasta hace muy poco tiempo, Dina Páucar y Chacalón eran cantantes populares cuya fama estaba referida a una identidad particular y a un territorio específico; hoy en día, ambos se han convertido en símbolos nacionales, íconos que resumen -nombran bien- la nación popular del fin y del comienzo de un nuevo siglo.
En este ensayo me interesa estudiar las relaciones entre cultura y mercado para entender, por un lado, las maneras en que el actual modelo económico afecta al capital simbólico generando una instancia de poder que propone nuevos cánones culturales; y, por otro, la función que algunas narrativas simbólicas cumplen para legitimar dicho modelo y reforzar la ideología subyacente en él. Si la subjetividad colectiva se constituye a partir de condiciones materiales y de ciertas representaciones simbólicas, es objetivo de este ensayo investigar las nuevas fantasías que se están introduciendo en la cultura y los nuevos circuitos mediante los cuales éstas se legitiman.
Comencemos por el primer punto: el mercado abre hoy una lógica diferente respecto de las maneras en que la cultura es administrada. Hay algo en el mercado que "descentra" y que "capta" una dimensión de
la cultura que otras instituciones se demoran demasiado en hacer o no tienen la fuerza suficiente para contribuir a sostener un nuevo clima cultural. No se trata, por supuesto, de afirmar que el mercado posea algún interés democratizador; nos encontramos, simplemente, ante la respuesta de una demanda que no es canalizada por otros medios y frente a la cual algunos han notado que las ganancias están "servidas." Lo que observamos entonces es, por un lado, un acelerado proceso de mercantilización de lo simbólico y, por otro, la utilización de la cultura como "recurso." Entender a la cultura desde tal perspectiva implica analizar los usos específicos a la que es sometida para alcanzar diversos fines (Yúdice). En el caso de las series televisivas que voy a analizar, es claro que el fin es económico y también político: canalizar una demanda y legitimar un específica ideología.
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