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FRAGMENTO DE EL FILO Y LA NAVAJA: WITTGENSTEIN, DUCHAMP Y UNA ESTEREOMETRÍA DE LA DESTRUCCIÓN /Mónica Belevan
§229. El Tractatus está escrito en clave de límite: considérese si no su redacción en aforismos. Aforismo deriva del griego aphorismos, aphorizein: apo- + horizein, delimitar, definir un horizonte.
Una vez demarcada el área se construye -si tan sólo gestualmente-hacia arriba, como si lo que se estuviera erigiendo fuera no ya un esquema sino un esqueleto, la construcción: "[p]arte poderosamente del silencio y, poco a poco, se alza en bóveda, sostenida mediante proposiciones laterales, maravillosamente distribuidas alrededor del instante, dictamina y rechaza sus incidencias, que remonta, para llegar finalmente a su clave y volver a descender, después, por prodigios de subordinación y equilibrio hasta el término seguro y la resolución completa de sus fuerzas" (Valéry, Estudios…, p.81).
§230. Pero el Tractatus no es de piedra (como ningún libro que presuma de serlo, sobre todo en filosofía, donde la presunción implica los peligros del apriorismo). "Libros de piedra'' llamaba a las catedrales Fulcanelli. La extraña casa-catedral que erigiera Wittgenstein en Viena con piedra de verdad y no en base a los valores de verdad de las proposiciones, podría considerarse digna del epíteto.
§231. Una de las razones por la que la forma del Tractatus, de por sí inusual, fuera a resultar dura al lector y paulatinamente frágil a su autor, estribaba en que un edificio como éste pudiera erguirse sobre aire y cristal de roca.
Hay en el Tractatus un desequilibrio estructural patente: este libro de valor casi escultórico, redactado a contraluz, dispuesto a renunciar a lo experiente por lo transparente, tallado con una maestría y un cuidado tales que pareciera hecho de una sola pieza; es tan perfecto en su disposición y tan etéreo que nada sino una cierta condición de irrealidad implícita a la obra, -una falla endémica al propio material o a su cantera- explica el hecho de que esté veteada tan oscuramente por un surco acre, o dotada de una nervadura tan aguda.
§232. "El impulso artístico original" diría Worringer, "está en busca de la pura abstracción como única posibilidad de sosiego ante la confusión y oscuridad de la imagen del mundo, y crea una abstracción geométrica a partir de sí mismo, de manera puramente instintiva" (Ferrier & Pichon, p. 94).
La problemática del artista en Worringer es cercana en aspectos a la problemática intertractaria en Wittgenstein. El mentado "impulso artístico" genera un cisma solipsista entre el impulsado -el artista- y el mundo externo. De éste, el artista toma, abstrae, y restituye a los objetos con debida artisticidad -es decir, despojándolos de vida, de tiempo y de toda muestra de mundanidad-,
logrando así "el entrecruzamiento de la presentación artística con el mundo rígido cristal-geométrico"; algo bastante similar al Tractatus (o al "castillo de pureza" del que hablara Paz al referirse a Duchamp). Desearía apoyar mi caso sobre las palabras del propio Wittgenstein (Investigaciones, 103): "El ideal, tal como lo pensamos, está inamoviblemente fijo. No puedes salir fuera de él: Siempre [sic] tienes que volver. No hay ningún afuera; afuera falta el aire" (Las itálicas son mías).
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