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POEMAS / Mirko Lauer
ART DECO
Sufro la inmensa pena de contemplarte, i.e.
Nunca está la florista cuando voy por flores.
Poesía, mano vacía. Junto a los ramos
un manojo de pollos muertos atado por las patas, pico y
mirada meciéndose a milímetros del mostrador,
sus cabezas de ángeles desmedidamente grandes que dan vueltas
como un flotsam en forma de palabras sobre superficie,
en un caldero caliente con los ojos abiertos. Toma tu sopa.
Flores: un mercado apestoso a fuertes condimentos, a
sabroseadores industriales.
¿Quién debe pedir disculpas a quién por los malos olores?
La mano del carnicero en piloto automático
imita un vuelo de moscas. Los ramos vibran con la
compostura
de un arreglo funerario: ½ corona para panteones.
¿Sería bien contratar una lágrima?
Sobre la loseta: rositas criollas, llamadas de chacra, entre
miniflora y floribunda,
Sinuosidad-carnosidad guinda de la celosía cristata, cresta
de gallo, o una chucha,
Luego blancas salpicaduras de la lluvia, verdor borroso
& metacelosía del espárrago. Humilde compañía.
El poema debería evitar las evocaciones.
La florista está lejos de las flores.
Tanto redactar sin escribir la historia
Ha llenado el lugar separado para mis vacíos, donde había un
lugar duele el estómago y hay
un interminable ruido de Constellations
Calentando motores sobre la pista de Schipol. Aborda un bebe
cargado, como un arma,
Perdido, querido, perdido, querido, siete veces lost & found,
One-way-non-stop en el centro de la sublevación huérfana de
1948. Atención por favor.
Los días en que aparece la florista: las alstroemerias
secretan una modesta calma desde el florero,
Un art-deco faux plomo imitación vidrio pavonado antiguo, el
agua abombadísima, la escena irremediable.
La ampulosa arquitectura gladiolescente.
Un viento norte aplasta las olas, desordena las hojas,
De libros de bolsillo que resuelven no tan absurdos
asesinatos.
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